Perdidos en el Moncayo

El Moncayo. A la derecha, vía de Los gendarmes.

Mi grupo de montaña acostumbra a subir el Moncayo, al menos, dos veces al año. Una en invierno y otra en primavera, coincidiendo con el aniversario de la entronización de una imagen de la Virgen del Pilar en la cumbre, hecho que sucedió en mayo de 1960.

 

En una de estas subidas, en el mes de febrero, y por la vía directa de "los gendarmes" atacamos la cima con una climatología realmente invernal. A mitad de subida, parada para colocarnos los crampones y atarnos en dos grupos, por si las moscas. La niebla era muy densa, tanto que impedía ver al primero de la cordada. Así, con cuidado, bien equipados y bien dirigidos por los expertos José Luis Alvarez y Nacho Larraz, alcanzamos la cumbre.

 

Estuvimos un buen rato dando vueltas por lo que parecía ser la parte más alta del Moncayo para buscar la imagen de la Virgen, que se hallaba totalmente cubierta de nieve. No la encontramos. Tras reponer fuerzas con los clásicos chocolates, almendras, etc. decidimos que lo más prudente era iniciar el descenso.

 

Iniciamos la bajada por el collado de San Miguel, aunque no todos, alcanzando, sin  mayores problemas, el "cucharón" y, desde allí, hacia la ermita donde esperaríamos al resto que, sin duda, se habían entretenido más de la cuenta buscando el pilar de la Virgen.

 

Pasaron unas horas y el otro grupo, compuesto por Pepe Latorre y Pepe Gainza, que no llegaba. Lejos de intranquilizarnos, tratándose de estos dos expertos conocedores del Moncayo, bajamos por el sendero hasta la Fuente de Los Frailes, lugar donde había quedado el autocar, por si a causa de la niebla, se habían saltado la ermita y habían llegado hasta allí. Además, comentó uno, Pepe Gainza lleva brújula y altímetro y sabe por donde va.

 

Pero el tiempo pasaba y no aparecían, así que nos dispusimos a tomar la iniciativa y organizar una operación de búsqueda. Eran casi las siete de la tarde, noche cerrada ya, cuando vemos aparecer un Land Rover que venía por la carretera que sube desde Agramonte. Paró cerca de nosotros y del mismo descendieron los "perdidos". Pasado ya el susto vinieron las alegrías y los pitorreos.

 

Nos lo contaron en el autocar, de regreso a casa: "Cuando empezamos a bajar, debido a la niebla existente y a las vueltas que dimos por la cima buscando el pilar de la Virgen, perdimos totalmente el sentido de la orientación. Empezamos a descender hasta que al llegar a una pista forestal y tras recorrerla en un par de kilómetros, nos encontramos un rótulo que indicaba "Agreda 5 km.".

 

Por la proximidad de esta localidad soriana con la de Olvega, a este descenso le llamamos, desde entonces, la "vía del chorizo".